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Seguro que todos hemos escuchado hablar de las grasas saturadas, y seguro que no muy bien. En el post de hoy te contamos un poco acerca de por qué no debemos abusar de ellas.
Las grasas son un macronutriente esencial para el mantenimiento de nuestra salud. Están compuestas por carbono, hidrógeno y oxígeno. Sus funciones son:
- Nos permiten tener una reserva energética
- Nos protegen del frio
- Forman parte de las estructuras de las células
- Equilibran los niveles de colesterol
- Facilitan la absorción de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K)
- Nutren la piel y el cabello
- Hacen que los alimentos sean más agradables para el paladar.
Pero al igual que tienen funciones beneficiosas, debemos saber que existen varios tipos de grasas y que debemos saber elegir cuales no son perjudiciales para nuestra salud.
Una grasa, está compuesta por dos componentes: triglicéridos (TG) y ácidos grasos (AG), que son los que utiliza nuestro organismo. Los ácidos grasos saturados son aquellos que no tienen dobles enlaces en su estructura y, son generalmente sólidos a temperatura ambiente. Por lo general, todos los alimentos grasos tienen mezcla de grasa saturada e insaturada, pero las grasas que proceden de los animales, a excepción del aceite de coco y de palma, que son de origen vegetal, son grasas fundamentalmente saturadas.
Como hemos dicho antes, es importante saber qué tipo de grasas consumimos, ya que el consumo excesivo de AGS es uno de los factores de riesgo asociados a enfermedades cardiovasculares.
¿Cómo afectan a nuestra salud?
Enfermedades cardiovasculares. Las grasas saturadas pueden causar aumento del colesterol “malo” (LDL) en las arterias. Este aumento lleva a que sea cumule la grasa en las arterias hasta provocar su obstrucción y, por lo tanto, aumentar el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.
Aumento de peso. Son calorías que se aportan “a mayores” y que no se consumen genera una acumulación de grasa en nuestro cuerpo, lo que se traduce en un aumento de peso. El sobrepeso y la obesidad son, también, factores de riesgo de enfermedades.
El consumo de grasas saturadas puede intervenir en la función beneficiosa antiinflamatoria que tiene el colesterol “bueno” (HDL).
Por ello, debemos reducir el consumo de grasas saturadas en nuestra dieta. El consumo diario de grasa deberá suponer un 30-35% del consumo energético diario, y el consumo de las saturadas tiene que ser menor del 10% de las calorías totales diarias, lo que equivale aprox. a 20g/día.
¿Dónde las encontramos?
- Carne y embutidos.
- Leche y derivados (queso, nata, mantequilla).
- Marisco.
- En algunos productos de origen vegetal (obviamente en menor cantidad que en los alimentos anteriores): aceite de coco, de palma o en los cacahuetes.
- Productos de elaboración industrial: bollería, margarina, aceites vegetales hidrogenados.
Recuerda siempre seguir una alimentación saludable
- Completa, que aporte todos los nutrientes: hidratos de carbono, proteínas, grasa, vitaminas, minerales y agua.
- Equilibrada. Los hidratos de carbono deben suponer entre un 55-60% de la ingesta de kcal totales; las grasas 25-30%; y las proteínas, entre un 12-15%. Además, beber 1,5-2L de agua al día.
- Suficiente para mantener el peso, y en caso de los niños, lograr un crecimiento y desarrollo proporcional.
- Adaptada a la edad, el sexo, la talla, la actividad física, el trabajo que desarrolla la persona y su estado de salud.
- Variada, que contenga diferentes alimentos de cada uno de los grupos (lácteos, frutas, verduras y hortalizas, cereales, legumbres, carnes, pescados…)
Escrito por: Pilar Millaruelo Frontela, farmacéutica y nutricionista y Experta en Dermocosmética
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